Nueva Amazonia: el lado oscuro de una utopía feminista

Nueva Amazonia: el lado oscuro de una utopía feminista

Recientemente se ha publicado por la editorial Defausta[i] Nueva Amazonia, la utopía feminista de Elizabeth Burgoyne Corbett. Una joya que era inencontrable en español y que tenía ganas de leer completa, porque es una buena muestra de las utopías feministas que se escribieron en las postrimerías del siglo XIX.

New Amazonia1Elizabeth Burgoyne Corbett (1846-1930), fue una destacada feminista y comprometida sufragista inglesa, periodista en el Newcastle Daily Chronicle y prolífica escritora; en la década de 1890 publicó quince libros.

Si bien Nueva Amazonia fue la más explícitamente feminista de sus novelas, no fue la única que se ocupó de la posición de las mujeres en la sociedad. Una de las primeras detectives femeninas en la novela negra fue Annie Cory, que es la protagonista de dos de sus novelas “Adventures of a Lady Detective” (1890) y “When the Sea Gives Up Dead” (1894).

En el prefacio de Nueva Amazonia, ella misma explica que su publicación es una reacción indignada a la carta abierta publicada en The Nineteenth Century por la Sra. Humphry Ward -“Una apelación contra el sufragio femenino”- apoyada por más de cien firmas. Corbett, airada por lo que consideró la “traición más despreciable jamás perpetrada contra mujeres por mujeres”, escribió y publicó «Nueva Amazonia: Un anticipo del futuro», en 1889.

En esta obra, imagina cómo sería el mundo si fuera dirigido por mujeres, utilizando la ficción utópica para proyectar una alternativa a los férreos valores patriarcales de la Inglaterra victoriana. Se piensa que influyó además el conocimiento de una experiencia real de gobierno de mujeres, reciente pero lejana, que ella misma narra en su obra: “Hay una ciudad en Kansas llamada Oskaloosa cuyo alcalde y demás miembros de la corporación son mujeres. Su primer mandato ha sido tan triunfalmente progresista que han resultado entusiastamente reelegidas y, en el plazo de un año, el lugar ha avanzado tantísimo en los banales asuntos de la moralidad social, la higiene y la prosperidad que es la maravilla y el asombro de las ciudades vecinas”.

Primer gobierno de la ciudad de Oskaloosa, Kansas, formado sólo por mujeres. 1888

El afán didáctico es manifiesto en todo el libro: se trataba de demostrar a través de este recurso de ficción utópica, que las mujeres podían gobernar y que podían superar incluso a los hombres construyendo una sociedad perfecta. Por ello, como suele ser habitual en la mayoría de las utopías clásicas, no hay que buscar un elaborado argumento: aquí lo importante es la descripción de la sociedad alternativa que se propone. Lo difíciles que esa descripción no sea plúmbea del todo y Corbett de alguna forma lo consigue.

La novela se desarrolla en el año 2472 en lo que una vez fue Irlanda, cuya población fue diezmada en las guerras con Inglaterra a comienzos del siglo XX. Un proyecto de traslado y asentamiento de mujeres desde Inglaterra (Teuto-Escocia) a Irlanda (Nueva Amazonia) permitió organizar una sociedad en la que las mujeres son mayoría dominante. Mujeres y hombres se han convertido en gigantes de más de dos metros, que viven casi doscientos años, que siempre se ven jóvenes mediante curiosos métodos de rejuvenecimiento.

New AmazoniaSi bien hay igualdad entre hombres y mujeres, ellos no pueden ejercer cargos públicos: “Los principales cargos gubernamentales están ocupados por mujeres, por mera defensa propia en primer lugar, y en segundo porque la experiencia del mundo demuestra que el gobierno masculino siempre ha abierto brechas para admitir la corrupción, la injusticia, la inmoralidad y la intolerancia arrogante y estrecha de miras. La pureza y la sabiduría del gobierno neoamazónico es proverbial y no tenemos intención de admitir la posibilidad de regresión permitiendo de nuevo la gobernanza masculina”.

En este futuro, la guerra y la pobreza han sido abolidas, al igual que la monarquía. Es una sociedad vegetariana, donde comer animales causa verdadero horror; la educación es universal: todos los niños son propiedad del Estado estando a su cargo la manutención y educación; la ropa cómoda y práctica “de porte obligatorio”, frente a los victorianos corsés femeninos que les parecen una tortura; los avances técnicos de esta sociedad matriarcal que imagina Corbett son espectaculares para la época: el transporte hidráulico, el control del tiempo, los tratamientos antienvejecimiento, la superación del dolor, la recuperación plena del medioambiente (una preocupación que para la época en que está escrito, resulta una verdadera novedad)…

Es curioso el sistema político de Nueva Amazonia, que combina capitalismo de rostro humano con un estado omnipresente. Este Estado, al que llaman de forma significativa “La Madre”, interviene en todos los aspectos de la economía y la vida y como una madre diligente cuida del bienestar de todas sus ciudadanas (y ciudadanos) sin distinciones.

Este Estado no recauda impuestos, sino que cobra por todos y cada uno de los servicios que presta y por las transacciones comerciales exteriores e interiores (“el Estado sería el único importador autorizado, la competencia privada no está permitida. De este modo la cuestión de los impuestos quedó obsoleta”). Controla el transporte, la asistencia, las casas de rejuvenecimiento, la investigación, el comercio, la educación, la salud… que se combinan con iniciativas privadas, pero evitando que “los grandes capitalistas absorbieran todo el comercio nacional”.

Nueva Amazonia entronca así con las utopías clásicas, empezando por la de Tomás Moro que inaugura el género: “De optimo reipublicae statu, deque nova insula Vtopiae”.

Todas ellas describen una sociedad perfecta en las que ha desaparecido el conflicto social y se ha logrado la felicidad colectiva. La ciencia y la técnica son las que proporcionan esa felicidad alcanzada mediante la supeditación de las personas al bien común. “Nueva Amazonia en la actualidad podía jactarse de ser la comunidad más perfecta, próspera y moral del mundo”.

Pero todas ellas también poseen su reverso oscuro: la comunidad y el bien común ahogan la libertad individual; los avances científicos, como luego nos contarían las distopías del siglo XX, pueden convertirse en amenazas contra los propios seres humanos que los crearon; el diferente es visto como un peligro para la estabilidad social…

La propia utopía feminista de Perkins Gilman, Herland, con la que se ha querido comparar Nueva Amazonia (ambas irónicas y sugerentes), también padece de esos tics oscuros, como se analizó en este post.

La sociedad que describe Corbett en Nueva Amazonia no es ninguna excepción

Empecemos por la mirada colonial. Es verdad que se plantea que en Irlanda la población ha sido diezmada, pero la que queda no es para nada tenida en cuenta sobre el asentamiento de miles de féminas provenientes de Inglaterra, ni sobre el sistema “benévolamente” impuesto en todo el país. Hoy lo llamaríamos asimilación forzosa.

Sigamos con los criterios de selección de quienes podrían inscribirse en tal viaje a Ítaca, pues para participar en el mismo era preciso ser blanca, no tener enfermedad y mucho menos deformidad y, sobre todo, las que deseaban convertirse en colonas tendrían que disponer de capital suficiente para aportar y mantener la nueva sociedad. Desde el principio quedaron excluidas mujeres no sanas (“toda mujer que tuviese el menor rastro de enfermedad o malformación en ella era rigurosamente rechazada”), de otras razas, pobres (se “impedía la intrusión de mujeres cuya pobreza pudiese convertirlas en una carga para el resto de la comunidad”) o de conducta impropia (“deshacerse de todas las que fueran susceptibles de acarrear la deshonra sobre el resto”).

NewAmazonia

La gobernación correspondía sólo a las mujeres como se ha dicho, pero la participación en el gobierno está limitada a las solteras: “no permitimos que nadie que haya estado casada sea elegible a los cargos estatales, ni pueda acceder a puestos importantes del profesorado, aunque si puede hacerlo a las agencias comerciales y a incontables cargos menores”.

En este contexto el sexo es considerado un placer animal: “Nuestras leyes y nuestra economía social ofrecen grandes incentivos a la castidad. El resultado es que todas nuestras compatriotas más intelectuales, especialmente las mujeres, prefieren el honor y el progreso a los placeres más animales del matrimonio y de la reproducción de la especie”. La actitud de Corbett ante la sexualidad es sin duda un reflejo del rigor puritano de aquel primer movimiento feminista.

El adulterio es considerado un delito. La mujer que es hallada culpable de ello queda degradada y limitada a trabajos de menor categoría. Al hombre se le confiscan todas sus pertenencias y es expulsado del país. La consideración de inmoralidad absoluta alcanza a los hijos ilegítimos sobre los que es practicada la eutanasia: “no se permite vivir a los vástagos del vicio. Las neoamazónicas nos enorgullecemos de ser siempre de linaje honorable”.

Porque en efecto, en Nueva amazonia, se practicaba la eutanasia (“En ocasiones se producían escenas muy dolorosas, pues cada recién nacido era sometido a un examen y las criaturas tullidas o deformes no se les permitía vivir”) y el control estricto de población para impedir los males que conllevaba la sobrepoblación. Por ello fueron rigurosamente impuestas las doctrinas malthusianas: “cualquier mujer u hombre que tuviese más de cuatro vástagos era castigado por su imprudencia, tratado como un criminal y privado de muchos derechos sociales valiosos”.

La eutanasia alcanzaba a personas que tuvieran una demencia incurable (La Madre… “¿mata a todas las personas dementes de hecho? Si, por piedad y justicia”) o fueran criminales irrecuperables (“si el caso resulta ser incurable se adopta el procedimiento ordinario para las dementes sin esperanza”).

En este siglo XXI de férreos controles migratorios parecen premonitorias las medidas en relación con los extranjeros en Nueva Amazonia. No se permitía la entrada de ningún extranjero salvo que demostrasen una razón válida: “nuestra vigilancia nunca cesa y nuestro cordón de centinelas es tan perfecto y eficiente que ni una sola extranjera puede introducirse aquí sin ser inmediatamente descubierta” y “expulsada sin demora por medio de un vapor … al país de origen”. Vamos que ni la política de fronteras de la UE.

En fin, que resulta todo sumamente inquietante mirado con la lente de los 130 años transcurridos desde la publicación de Nueva Amazonia. Es cierto que nuestra mirada sobre ética y criterios morales no es la misma -para mejor creo- y ello quizás nos permita entender todas estas cuestiones que aparecen en el libro que hoy sin duda nos resultarían directamente repugnantes.

Pero, al margen de esto, la obra contiene, como he ido desgranado en la primera parte de este post, una crítica profunda al sistema patriarcal y no pocas propuestas sugerentes que -a mi modo de ver- tienen plena validez para la lucha por la igualdad del movimiento feminista de hoy. Resulta increíble que un libro escrito hace 130 años, tenga todavía esa validez, lo que da idea de lo mucho que nos queda por avanzar. Timmi Duchamp, de Acqueduct Press, en su blog, viene a certificarlo, se trata de “un documento fascinante de la historia de la imaginación política de las mujeres”. Y ese es, me parece, su principal valor.

[i] Nueva Amazonia: un anticipo del futuro. Colección Otros Mundos. Editorial Defausta. 2018

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